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Después de un cuarto de siglo de docencia, se puede (y conviene) seguir aprendiendo. La lectura y actualización de los conocimientos es un deber de todo universitario, amén de un requerimiento de la sociedad de nuestros días para todos los profesionales (el aprendizaje a lo largo de toda la vida: Vid. Jaques Delors, La educación encierra un tesoro, Informe de la UNESCO 1996).

 

Los profesores somos responsables de un servicio público, uno de cuyos principios inspiradores se denomina cláusula de progreso, significando la exigencia de adaptarse a la mejor tecnología disponible y los avances de la ciencia en la realización de actividades prestacionales para la calidad de vida: transporte sanidad, energía, telecomunicaciones y por supuesto también la educación.

 

Nuestra necesidad de estar a la altura de las circunstancias es considerable, toda vez que aspiramos a estar en la cúspide de la pirámide del saber en nuestras respectivas disciplinas, un propósito inalcanzable salvo a costa de extrema dedicación, trabajo constante y sacrificios sostenidos de tiempo: la tesis doctoral, la titularidad, la cátedra. Y al terminar, otra vez: dirigir tesis y formar.

 

Sólo la conciencia de nuestra modesta ignorancia, reconociendo lo mucho por aprender, pone en actitud de mejorar potencialmente. Darnos cuenta de la necesidad de descartar conceptos superados, incorporar otros nuevos y tomar conciencia de la riqueza interdisciplinar sirve para sobrepujarnos a nosotros mismos, en una autocompetencia necesaria si se aspira a la excelencia.

 

Dos lecturas pueden ayudarnos a lograrlo: Una How We Learn, the Benedict Carey, sobre el contexto de la memorización, la importancia de los test, la motivación de los estudiantes para los exámenes, la frecuencia de los repasos, el sueño…Todo lo que parece ser verdaderamente clave para incorporar nuevos datos a nuestro cerebro, donde el saber sí ocupa lugar (Ramón y Cajal).

 

 

What the best Law Teachers do, otro libro de Michael Hunter Shwartz, Gerald F. Hess y Sophie m. Sparrow, ofrece un repaso por las buenas prácticas de los profesoras y las profesoras mejor valorados en las escuelas de Derecho de los Estados Unidos, identificando algunos elementos comunes para señalar el perfil del óptimo docente, que cumplen muchos de nuestros compañeros y compañeras. 

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