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En la mayoría de los casos resulta ilusorio plantearse una cambio de vida el día de Nochevieja – o el de Año nuevo - , aunque parezcan fechas propicias para hacer balance de aciertos y errores, mejores y peores hábitos, proyectando hacia el futuro inmediato modificaciones en nuestra conducta para su corrección.

 Mucho más realista es, creo yo, pensar en quehaceres después del día de Reyes, cuando la fantasía de los regalos se esfuma y es sustituida por la vuelta al trabajo y al cole, tantas tareas, los deberes y la cuesta de enero. Hacer de la necesidad virtud es ser pragmático, superando villancicos o iluminaciones navideñas.

 Los tópicos se repiten precisamente por su condición de tales: hacer deporte aprovechando las zapatillas bajo el árbol, adelgazar, ¿perfeccionar? el inglés o no volver a caer en la misma piedra, que es al final nuestro gimnasio preferido: el de la contumacia sedentaria, bulímica y televisiva comodona. Lo de siempre.

 Si en lugar de visionarnos como atletas nos propusiéramos simplemente subir las escaleras y no tomar el ascensor, reducir el consumo de azúcar o cambiar el idioma de nuestra serie favorita, con muy poco esfuerzo adelantaríamos resultados. Podría bastarnos un poco de metodología Smart, quizás inteligencia.

 Specific (específico), mesurable (medible), achievable (alcanzable), realistic (realista) and timely (temporizado). Estas siglas componen el acrónimo que identificamos con todo lo “listo”, desde los teléfonos a las ciudades, cuando quienes debemos ser más avispadas somos las personas, no las cosas, ni la tecnología.

 En la ciencia de la definición de objetivos, propia de la gerencia, a veces se cuestionan estas técnicas por no permitir cambios cualitativos impresionantes, transformaciones que no pueden alcanzarse con estrategias gradualistas, sino sólo recurriendo a visiones más ambiciosas e innovadoras del salto hacia adelante.

 Los enfoques disruptivos ofrecen frente a los progesivos la ventaja de la superación absoluta de las limitaciones, pero siempre hemos de ser reflexivos con nuestras aspiraciones, midiendo bien su verosimilitud y costes, sobre todo cuando es de gran envergadura la empresa. Festina Lente es un buen lema.

 Hay que pensar muy bien lo que se desea porque si se trabaja con perseverancia y convicción en lograrlo, se acaba alcanzando. También hay que convertir el proceso de búsqueda del objetivo, de propósito de excelencia, en una oportunidad de realizar la Areté, el perfeccionamiento de las propias capacidades.

Antes y más importante, sin embargo, es considerar a todas las personas que nos rodean, quienes pueden ser afectados por nuestras intenciones. Estar seguro de que tanto el fin como los medios son los apropiados. Saber conseguir lo pretendido para bien de todos los demás, no para el propio. Compartir los buenos propósitos.

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