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Hace cinco años fui elegido Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca. Hoy, con una amplia perspectiva, puedo decir que ha sido el período más feliz de mi vida académica gracias a muchas personas dignas de ser recordadas: las que han asumido conmigo responsabilidades de gestión en el decanato, pero también las que hacen que todo funcione en el edificio, las que realizan las funciones básicas de un centro educativo superior.

 

Decir “muchas gracias” no agota mi futura correspondencia con vosotr@s. Nunca olvidaré cada ayuda vuestra  recibida durante este tiempo. Guardo en mi haber todas las amistades ganadas a lo largo de cursos académicos importantísimos para la Facultad. Siempre llevaré conmigo la imagen de los miles de estudiantes, los cientos de profesores y trabajadores que hacen tan agradable la labor de servicio público en nuestra institución.

 

Cada semana, alrededor de cuarenta horas, multiplicadas por meses y años. Si tuviera que volver a decidir dónde y cómo me gustaría invertirlas, no lo dudaría ni un momento: esforzándome y aprendiendo del mejor ejemplo de mis compañeros y compañeras, admirando a otros colegas que en las demás facultades realizan también una labor ejemplar, honesta y generosa. Con tod@s me gustaría contar en el nuevo proyecto.

 

Los romanos celebraban una ceremonia de purificación cada cinco años, cuando culminaban su mandato algunos  cargos o en el momento de realizar los censos. También al acometer grandes desafíos, como un rito destinado a proteger a los infantes o las cosechas frente a las adversidades. La Lustratio simbolizaba la depuración protectora. Bendecían objetos y personas.

 

Ahora que he decidido volcar todas mis energías en un formidable propósito, evoco nuestras mejores raíces clásicas. Quiero emprender este camino desde el agradecimiento y desde el reconocimiento hacia las personas de mi Universidad. Serán ellos y ellas quienes habrán de decir si mi gestión ha respondido a sus expectativas, si mi humanidad ha satisfecho lo que querían de mí, de Ricardo.

 

Invoco hoy la higiene democrática. Nadie a mi juicio debería aprovechar su puesto para proyectarse electoralmente. La purificación significa desprenderse de atavíos, de ropajes, de gabinetes de comunicación o de recursos económicos del presupuesto. Tenemos que mostrarnos como somos, sin alharacas o potentes refuerzos dinerarios. Demostremos el verdadero valor convincente de un hermoso proyecto universitario. 

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